En la parroquia Jesús Obrero de la Diócesis de El Alto (Bolivia), teniendo como párroco al P. José Fuentes Cano, llevamos más de dos décadas viviendo un estilo de vida integrador entre religiosas Salesianas del Sagrado Corazón de Jesús, presbíteros y laicos. En este caminar comenzó a surgir un florecimiento de vocaciones femeninas, acompañado y alentado por la Hna. Evelyn del Carmen Bernales Fuentes, al cual se fueron uniendo jóvenes de diversas parroquias así como de origen español, paraguayo y chileno.
Este grupo ha sido testigo de la fuerza transformadora y curativa del Evangelio asumido con verdadero compromiso. Animadas por el testimonio de vida y conversión de las hermanas, todas estas jóvenes fueron invitadas a abrazar un estilo de vida diferente y pleno.
Las circunstancias observadas y la acción constante de Dios en cada una de ellas nos llevan a reconocer que en este proceso hay algo que excede los planes humanos: un don especial del Señor derramado en este tiempo, en estas personas y en este lugar.
La ciudad de El Alto es una urbe de reciente formación con cerca de un millón de habitantes, de población en su inmensa mayoría indígena (aymara) y de origen campesino. En ella se vive una profunda religiosidad natural con un marcado sincretismo entre la fe cristiana y la cosmovisión aymara. Dado que la evangelización tradicional no llegó a calar en profundidad, actualmente se observa una realidad con importantes desafíos:
- Porcentaje de población sin bautizar: Una parte significativa de la población no ha recibido el bautismo.
- Vivencia de la fe: Gran parte de los bautizados viven su fe de forma superficial y ligada al sincretismo cultural (la asistencia a la misa dominical no alcanza el 1% de la población).
- Crecimiento de otras confesiones: Numerosos católicos migran hacia comunidades evangélicas o diversos grupos no cristianos.
- Escasez de vocaciones: Las vocaciones nativas al ministerio sacerdotal y a la vida consagrada son muy escasas, lo que dificulta consolidar un trabajo pastoral continuo.
A pesar de este escenario, la experiencia de estos años nos lleva a afirmar que en esta ciudad «Dios ha hecho su morada», tal como nos recuerda el Evangelio: «Y tú Belén, tierra de Judá, no eres en absoluto la más pequeña entre los pueblos de Judá, porque de ti saldrá un jefe, el que será Pastor de mi pueblo» (Mt. 2, 6).
El grupo de hermanas iniciadoras, partiendo de una fuerte espiritualidad contemplativa y a la vez activa, ha llevado a cabo una pastoral de sanación de la vida personal dirigida a las jóvenes nativas aymaras. Esta labor ha dado un gran fruto que reconocemos como obra del Espíritu Santo, concretándose en un significativo número de vocaciones a la vida consagrada.
Este mismo dinamismo se ha extendido también a los varones nativos aymaras, dando lugar a vocaciones al ministerio sacerdotal dentro de la Comunidad Misionera de Cristo Pastor, a la que consideramos nuestra comunidad hermana, unida por un mismo carisma.
La vivencia de estas jóvenes ha fructificado en una intensa vida comunitaria, caracterizada por:
- Fraternidad sincera: Diálogo auténtico, animación fraterna y una entrega mutua y gratuita.
- Sustento y oración: Trabajo manual dedicado al auto-sustento unido a una profunda vida de oración.
- Misión evangelizadora: Un compromiso apostólico con rasgos propios que, naciendo de la riqueza de los carismas de la Iglesia, se ha encarnado en este tiempo y lugar concretos.
En el año 2012, tras una serie de circunstancias providenciales y sin mediar planes personales ni grupales, las hermanas se separaron de la Congregación de Hermanas Salesianas del Sagrado Corazón de Jesús. Un grupo compuesto por tres hermanas de votos perpetuos, once junioras, cuatro novicias y treinta y tres postulantes dejó la congregación tras constatar que el carisma les exigía un estilo de vida diferente.
Las experiencias compartidas y la acción de Dios nos permitieron descubrir la maduración de una vivencia, espiritualidad y carisma propios. Todo ello motivó la solicitud al Obispo de la Diócesis de El Alto para ser reconocidas en obediencia al Espíritu Santo.
Actualmente, la Comunidad de Salesianas Misioneras se constituye como una Asociación Pública de Fieles de Derecho Diocesano, con vistas a ser erigida en su momento como Instituto Religioso.
Acogemos con entusiasmo el urgente desafío del Papa Francisco en su Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium:
«Es imperiosa la necesidad de evangelizar las culturas para inculturar el Evangelio» (EG, 69), así como dejarse evangelizar por ellas.
De manera especial manifestamos nuestro profundo agradecimiento a † Mons. Eugenio Scarpellini, quien erigió nuestra comunidad y nos acompañó con paternal dedicación durante todo este proceso de discernimiento. Hoy en día seguimos caminando en comunión bajo el fraternal acompañamiento de Mons. Giovani Arana, actual obispo de la Diócesis de El Alto.


